1.      Sociedad y economía.

En el siglo VIII a.C. la situación era conflictiva, y estaba marcada por el aumento de la movilidad social. Desde el 750 a.C. en adelante, los efectos del excesivo crecimiento de población y de la distribución de la tierra empezaron a hacerse sentir. Dentro de la nobleza, algunas posesiones aumentaron y otras disminuyeron. Los cambios en el patrimonio condujeron a cambios en la posición social de las familias.

Desde un punto de vista económico, los grandes patrimonios basados en la posesión de ganado comenzaron a perder importancia; en los grandes latifundios, el cultivo de cereales de bajo rendimiento se sacrificó por el cultivo de olivos y viñas, cuya producción se podía vender en tierras lejanas. Como consecuencia, se tuvieron que importar cereales desde grandes distancias. Y fue la clase ascendente de los navegantes y los comerciantes la que se benefició de esos cambios. En cambio, las viejas familias aristocráticas empezaron a sufrir escasez, llegando a perder su status económico. En algunos casos, sus hijos, implicados en luchas o en guerras familiares, se vieron obligados a emigrar al extranjero.

Muchos aristócratas, privados de sus medios tradicionales de supervivencia, se hicieron capitanes mercenarios, aventureros o líderes de expediciones coloniales. Fue el inicio de una era de colonizaciones. Expediciones de aventureros que buscaban tierras nuevas, de mercenarios y de comerciantes se hicieron a la mar en todas las direcciones del Mediterráneo. Y los puertos del mar Negro se convirtieron en los abastecedores más importantes de grano, lo que contribuyó al enriquecimiento de muchos de los que se dedicaban al comercio marítimo.

En la costa jonia (la costa occidental de la actual Turquía), el aumento del comercio y el desarrollo de la navegación ayudó a un crecimiento de población en las ciudades griegas más importantes. Estos griegos tuvieron que vérselas con el avance del imperio del rey de reyes, el señor de Persia y de la India, mientras que los del mar Negro tuvieron que enfrentarse a las tribus militares de los escitas. Todo esto, junto con la colonización de la Magna Grecia, las frecuentes visitas de los mercaderes fenicios y los asentamientos de la colonia griega de Náucratis en el delta del Nilo, proyectaron a los griegos hacia un mundo que era mucho más vasto y rico que la árida y limitada tierra de la que procedían. Este nuevo conocimiento, junto a una actitud más relativista, inspirada por la experiencia de una sociedad cambiante, hizo posible en Jonia el surgimiento de las ciencias, la filosofía, la historia, la geografía y la etnografía.

El creciente proceso de industrialización que se da en la época arcaica supuso un complemento económico de primera importancia para la agricultura y la ganadería, ya insuficientes para atender las necesidades de la población. El comercio de exportación tiene su máximo exponente en la industria de la cerámica, que inunda todos los mercados del Mediterráneo con los nuevos estilos orientalizantes y de figuras negras. Al amparo de la actividad industrial surge una pequeña burguesía de comerciantes y artesanos, así como un proletariado que proporciona la mano de obra. Estas nuevas clases sociales constituirán el núcleo de la polis.

La apertura de nuevas rutas comerciales y el contacto con otros pueblos provocan la introducción de la moneda. A imitación de Lidia y las ciudades griegas de Asia Menor, los griegos de Egina acuñaron monedas de oro y electron (una aleación de oro y plata), y, posteriormente, de plata. A lo largo de todo el siglo VII y principios del VI a.C., las ciudades griegas con intereses comerciales (Corinto, Calcis, Atenas) siguieron el ejemplo de los eginetas y acuñaron sus propias monedas. La aparición del dinero como soporte de la riqueza fue sustituyendo el sistema económico aristocrático basado en la propiedad.

Ante esta nueva situación, los nobles reaccionaron con disgusto y arrogancia de clase. A fin de competir con la nueva economía, acentuaron progresivamente la explotación de los territorios campesinos y de las familias que controlaban, causando empobrecimiento, desafecto y el declive de su clase.

Consiguientemente, en algunas ciudades desaparecieron las viejas costumbres que reservaban el control de los asuntos legales y políticos a unas pocas familias aristocráticas. La asamblea de los ciudadanos empezó a controlar el poder en sus propias manos. Se extendieron las ideas de igualdad y de democracia.

 

2.      El ejército.

También en las tareas militares la aristocracia perdió su protagonismo. El carro tirado por dos caballos quedó obsoleto y aumentó el número de personas acomodadas que podían permitirse tener un caballo, si bien los guerreros eran en su mayoría soldados de infantería.

Los antiguos duelos singulares entre nobles, al modo homérico, cedieron su lugar a una nueva táctica: el combate en formación a cargo de la falange de hoplitas, unidad de infantería integrada por guerreros provistos de armamento pesado. Éstos eran expertos en desplazarse rápidamente a la carrera, cargados con hierro, cuero y bronce. El éxito de esta táctica residía no en el valor individual, sino en la cohesión del conjunto. Combatían juntos nobles, pequeños agricultores, ricos comerciantes y prósperos artesanos. Pues los hoplitas pertenecían a las nuevas clases sociales capaces de costearse el equipo; y, al intervenir en la defensa de la polis, reclamaron los derechos políticos que les correspondían.

Las fronteras de la guerra se desplazaban cada vez más hacia el mar. En los viejos tiempos, un buque se ponía a la altura del rival, se soltaban los remos, todo el mundo cogía la lanza y se peleaba en los puentes de los barcos; la victoria la decidía la velocidad a la que se abordaba el otro barco y el valor individual de los guerreros. En cambio, los siglos VII y VI a.C. vieron el nacimiento de la trirreme: un barco ligero que se desplazaba gracias a tres filas de remeros, probablemente dispuestos en hileras superpuestas verticalmente en el restringido espacio. En una trirreme, los remeros sólo se dedicaban a propulsar la nave y los combatientes se lanzaban a la acción con arcos y espadas cuando se abordaba el barco enemigo. El barco también servía para destruir otros buques: la proa, a menudo cubierta con bronce y usada como ariete, se movía bajo la superficie del agua de tal manera que, lanzándola hacia delante por la fuerza de los remos, podía abrir una brecha en el barco enemigo, y luego se sacaba remando a la inversa, a fin de abrir una vía de agua en el casco.

3.      La polis.

En este período de graves crisis sociales y políticas se consolida la polis.

En la Antigüedad Grecia no logró constituir un estado unificado. Cada ciudad se constituyó en un estado independiente: la polis.

La polis no era propiamente una ciudad, sino varios núcleos de población de los que uno era el más importante, y comprendía también el campo circundante. Eran pequeños estados en los que sus habitantes se sentían parte de esa comunidad territorial y política. Tenían leyes propias, moneda, sistema de pesos y medidas, dioses protectores propios y un héroe fundador.

Cada polis tiene un ordenamiento jurídico y una forma de gobierno propios. Al comienzo de la época arcaica, las polis estaban gobernadas por reyes que sólo eran los jefes más importantes. Poco a poco, la monarquía perdió relevancia y los grandes propietarios (los aristoi = los mejores) detentaban el poder, mientras que el pueblo (el demos), que se reunía en Asambleas sin peso político, estaba a merced de la oligarquía (unos pocos poderosos, los aristoi). Este sistema trajo consigo inevitablemente luchas políticas entre los nobles y el pueblo, ya que los pobres eran esclavos de los ricos, a quienes pertenecía toda la tierra.

En Atenas, las luchas sociales requirieron el trabajo de reformadores audaces como Solón, que modificó las leyes, reorganizó la sociedad en función de su riqueza, canceló las deudas de los más pobres y prohibió la esclavitud por deudas. En muchas ciudades, la pugna interna fue tan amarga que algunas familias nobles se aliaron con los estratos más bajos de la población para destruir el poder de las familias rivales. Así, desde mediados del s. VII a.C., la oligarquía dio paso a la tiranía, un sistema de gobierno típicamente griego que tendrá una vigencia coyuntural.

En efecto, el tirano suele ser un aristócrata que aprovecha una situación de crisis y se hace con el poder mediante el uso de la fuerza. Tras el golpe de estado, el tirano ejerce su autoridad apoyándose en el pueblo, al mismo tiempo que se deshace de sus rivales políticos para consolidar su dominio. En su lucha con la aristocracia, que pretendía mantener sus privilegios, prepara el camino a la democracia.

Fueron las polis más avanzadas, aquellas en las que se habían producido los cambios sociales antes referidos, las primeras que se sometieron al poder de los tiranos. Entre otros, destacaron Cípselo y su hijo Periandro en Corinto, Pisístrato y sus hijos Hipias e Hiparco en Atenas, Pítaco en Mitilene y Polícrates en Samos.

La labor de los tiranos tuvo aspectos muy positivos: el período de paz que caracterizó las tiranías estabilizó las estructuras económicas y sociales de las ciudades. Ese ambiente de prosperidad tenía su reflejo en las obras públicas (ampliación de puertos, canalización del agua, construcción de templos, etc.), que impulsaron con el objeto de granjearse la simpatía de las clases bajas; introdujeron, asimismo, nuevas fiestas religiosas (en Atenas, por ejemplo, en honor a Dioniso) de marcado carácter popular. También estimularon la creación artística: muchos de ellos se convirtieron en protectores de artistas y poetas (en Samos y Atenas, por ejemplo, véase el caso del poeta Anacreonte).

A pesar de todo ello, las tiranías no resistieron el paso del tiempo. Las generaciones de tiranos que sucedieron a los primeros carecieron de la popularidad que tenían al principio y perdieron el apoyo del pueblo.

 

4.      Las colonizaciones.

4.1. La primera colonización.

Hacia 1100 a.C. la llegada de los dorios a la Hélade provocó unos movimientos migratorios masivos hacia la costa de Asia Menor. La fragmentación dialectal que se produce en torno a esas fechas nos sirve de ayuda para seguir el rastro de estas migraciones.

Por orden cronológico, la colonización eólica fue la primera (antes del año 1000 a.C.): a través de las islas de Quíos y Lesbos, ocupan la zona costera septentrional de Anatolia, con Esmirna y Focea como ciudades principales. Ligeramente posteriores son los desplazamientos de jonios y dorios. Los jonios, tomando como base la mayor parte de las islas Cícladas, se lanzan a la colonización del área central de la costa de Asia Menor: Éfeso y Mileto son los asentamientos más importantes. Los dorios se establecen en Creta, en las islas Cícladas meridionales (Melos, Tera) y en las del Dodecaneso (Rodas, Cárpatos, etc.) y pasan a ocupar la parte costera meridional de Anatolia, fundando ciudades como Halicarnaso y Cnido.

Los griegos de Asia Menor, aunque conservaron los ritos y costumbres de sus antepasados, fueron más receptivos, por su contacto con pueblos orientales, que los griegos que quedaron en la Hélade. Por esta razón se encontraron en la vanguardia de las transformaciones que tuvieron lugar en esas fechas.

4.2.  La segunda colonización.

Debido a la superpoblación de la Hélade desde finales de la época oscura (hacia 800 a.C.), los emporios comerciales establecidos sirvieron de base al asentamiento de colonos. La causa de la expansión de los griegos por el Mediterráneo desde aproximadamente el año 750 hasta el 550 a.C. no fueron sólo agrícolas y demográficas (búsqueda de nuevas tierras de cultivo para sectores de población de escasos recursos), también las tensiones de la época obligaron a la salida de las ciudades de las facciones políticas derrotadas o marginadas.

A diferencia de la primera colonización, que fue protagonizada por grupos étnicos en un movimiento masivo, el segundo proceso colonizador, más individualizado, tuvo como impulsoras a las polis, que se estaban gestando en esos momentos: Calcis, Eritrea, Corinto, etc. Para establecer una colonia (apoikía), la ciudad madre (metrópolis) ponía al frente de la expedición a un fundador (oikistés), escogido entre los personajes de relieve. Si bien entre la metrópoli y la colonia existían vínculos económicos, religiosos y culturales, ya desde el primer momento la colonia se emancipaba como ciudad independiente.

Las principales corrientes migratorias se dirigieron hacia occidente y el mar Negro. La primera colonia griega en Italia fue Cumas, fundada por colonos de Calcis. Otras colonias en la Magna Grecia fueron Neápolis (Nápoles), Regio y Tarento. En Sicilia los corintios fundaron Siracusa; otras destacadas colonias sicilianas fueron Selinunte, Gela y Acragante.

Colonos focenses establecieron cerca de la desembocadura del Ródano la ciudad de Masalia (la actual Marsella), que, por su parte, se convirtió en metrópoli y fundó colonias en la península Ibérica. Al norte del Egeo, la ciudad de Calcis colonizó la península que lleva su nombre: Calcídica. La colonización del mar Negro fue obra, entre otros, de los megarenses, que se aseguraron el control del Bósforo con la fundación de Bizancio (hacia 615 a.C.). En el norte de África la colonia más importante fue la de Cirene, fundada por emigrantes de la isla de Tera.

La colonización de gran parte del Mediterráneo produjo el contacto de los griegos con otros pueblos, hecho que favoreció una conciencia mayor de pertenecer a una misma comunidad diferenciada de las demás culturas con las que entraron en contacto (panhelenismo), a las que consideraron bárbaros (los que no hablan griego).

Pero, al mismo tiempo que se fijaba esa conciencia nacional, las colonias se convertían en centros de progreso económico y cultural por encima, muchas veces, de sus propias metrópolis. No resulta extraño, pues, que en esas regiones periféricas tuviera lugar el nacimiento de la filosofía: en Asia Menor, la escuela de Mileto (Tales, Anaximandro y Anaxímenes) y Heráclito de Éfeso; y en la Magna Grecia y Sicilia, Pitágoras, Jenófanes de Colofón, Parménides de Elea y Empédocles de Acragante. Hasta este momento, la explicación de la realidad tenía un transfondo mítico. Pero las nuevas circunstancias que vive el mundo griego arrastran a una visión más directa, menos simbólica. Se produce un cambio de mentalidad que aleja al pensamiento humano de la explicación simbólica (mito) para acercarlo paulatinamente al razonamiento científico (logos).

 

 

 

5.      Atenas y Esparta: dos formas de vida antitéticas.

Entre los siglos VII y VI a.C., Atenas en el Ática y Esparta en el Peloponeso comenzaron a convertirse en Estados más grandes, pero lo hicieron con dinámicas opuestas.

Atenas está situada en la península del Ática, en una pequeña llanura cerrada hacia el mar, sobre el que tiene un magnífico puerto: el Pireo. Esta situación explica que los atenienses fueran grandes navegantes y mercaderes, y que su forma de ser fuera radicalmente diferente a la de los espartanos.

Gobernada al principio por un rey, después los nobles (eupátridas) se impusieron, y establecieron una oligarquía. Desde ese momento el poder pasó a manos de nueve magistrados, llamados arcontes, elegidos anualmente entre los nobles, y a un consejo, el Areópago. Pero la oligarquía se hizo cada vez más impopular, y el pueblo se quejaba de que los nobles, que eran los únicos que administraban justicia mediante el Areópago, eran injustos en la aplicación de las leyes, que, además, no estaban escritas. Se impuso la necesidad de crear un código legal escrito. De esta tarea se encargó Dracón.

De familia noble, Dracón elaboró un código severo, unilateral y favorable a los oligarcas. La crueldad de estas leyes ha hecho que la palabra draconiano sea sinónimo de “cruel y severo”.

Con todo, el hecho de tener unas leyes escritas constituyó un avance, pues se prestaban a ser modificadas, lo que de hecho ocurrió con Solón.

Como los atenienses pobres estaban en una situación desesperada y esto provocaba luchas interminables, los ciudadanos de Atenas encargaron a Solón, un hombre sabio y justo, que redactara un nuevo código de leyes (594 a.C.). Llevó a cabo una serie de reformas que abrieron el camino hacia la democracia. Pero encontró la oposición de muchas familias nobles y resurgieron las luchas.

El resultado fue el golpe de estado protagonizado por Pisístrato (546 a.C.), que inauguró una nueva forma de gobierno en Atenas, la tiranía. Su gobierno fue acertado, pero sus hijos, que le sucedieron en el poder, se granjearon las antipatías del pueblo y fueron derrocados, pasando el gobierno a Clístenes.

Clístenes logró establecer un nuevo sistema político (508 a.C.). Fue el forjador de la democracia, según la cual todos los atenienses, pobres o ricos, podían ocupar cualquier cargo público, ya que todos eran iguales ante la ley y tenían los mismos derechos. De este modo, Atenas reconocía a todos los agricultores del Ática como ciudadanos y equiparaba su base económica con la de los artesanos, comerciantes y marinos. Éstos representaban los sectores más dinámicos de la población, y Atenas estaba preparada para darles cada vez más responsabilidades y derechos civiles.

En cambio Esparta, ciudad fundada por los dorios junto al río Eurotas, en una posición de fácil defensa, es el mejor ejemplo de la sumisión de los ciudadanos a los intereses totalitarios del Estado.

Esparta consolidó el poder de las tradicionales familias aristocráticas de las ciudades reconociendo un status menor a los habitantes del territorio, llamados periecos (“los que viven alrededor”), manteniendo a la población agrícola (los ilotas) en una situación de servidumbre infamante y limitando el desarrollo de la actividad comercial

Los espartanos eran, ante todo, soldados educados para la guerra, lo que hizo de Esparta la primera potencia militar terrestre de Grecia. Despreciaban las bellas artes porque no eran útiles para la guerra.

No tenían derecho a ejercer la industria ni el comercio porque debían reservarse sólo para la política y la guerra. Obedecían ciegamente las leyes y mantenían invariables sus viejas tradiciones como la de la celebración de la comida en común.

Según la tradición, fue Licurgo quien, hacia el año 700 a.C. formuló las primeras leyes escritas de los griegos. La base de este ordenamiento legal era evitar que ningún individuo predominara sobre el resto; en consecuencia, la sociedad espartana, entendiendo por tal sólo el conjunto de los ciudadanos, era absolutamente igualitaria.

El modelo constitucional del Estado espartano es una diarquía, es decir, una especie de monarquía compartida por dos reyes, de carácter hereditario.

Estas dos formas totalmente diferentes de entender la vida y el papel de las personas condujo a Atenas y Esparta a colisionar en el s. V a.C., enfrentamiento que ocasionaría el declive de Atenas.